De la mesa de laboratorio al mercado

December 14, 2009 | En Español

Uniformes de soldados que sirven también como vendas antibacterianas. Materiales que controlan la luz para poder diferenciar los misiles del ruido de fondo. Un artefacto que utiliza la luz del sol para generar el hidrógeno o el metanol con el que algún día funcionarán los carros en Estados Unidos.

En los laboratorios de la Universidad investigadores desarrollan la próxima generación de células solares, baterías de almacenamiento y tecnologías para combatir las bacterias. Y CUNY intensifica sus esfuerzos para comercializar estos descubrimientos, con la meta añadida de impulsar el desarrollo económico en la ciudad y el estado de Nueva York.

Donde sea posible, ayuda a los investigadores a conectarse con socios en la industria, negociar acuerdos de licencia con compañías para mercadear posibles innovaciones comerciales y fomentar inversiones en spin-offs, empresas derivadas para desarrollar nuevos productos..

“Por primera vez en los últimos años, procuramos estimular la economía de Nueva York con ideas de nuestros profesores que intentamos comercializar”, dijo Gillian Small, vice canciller de Investigaciones. “Estamos avanzando ahora en obtener  licencias”.

“Las tecnologías que nuestros científicos desarrollan tienen un potencial tremendo para la sociedad, desde energía sostenible hasta innovaciones médicas y de seguridad”, dijo el canciller Matthew Goldstein. “Traerlas al mercado es esencial, y beneficia no sólo a sus creadores, a sus instituciones y a CUNY, sino también a la economía local y público en general”.

Trabajando en lo más avanzado de los metamateriales, uno de los campos de investigación más importantes, David Crouse, profesor de ingeniería eléctrica de City College, desarrolla materiales controladores de luz capaces de generar sensores que detectan la polución, mejoran paneles solares, posibilitan distinguir entre misiles y ruido de fondo y detectan explosivos escondidos. Junto con Ronald Koder, profesor de física, Crouse está construyendo un artefacto que tomará los rayos solares para generar hidrógeno o metanol.

Pero Crouse, director del Centro de Tecnología Avanzada en Aplicaciones Fotónicas de CUNY, es también un empresario que trabaja, con el apoyo de la Universidad, para llevar sus descubrimientos de la mesa de laboratorio al mercado a través de Phoebus Optoelectronics LLC, su compañía derivada —spin-off— con base en Manhattan.

En Queens College, Robert Engel, profesor de química y bioquímica y decano interino de matemáticas y ciencias, dijo que por llegar a acuerdos de licencia con dos compañías –un fabricante de uniformes deportivos en Manhattan y una compañía de terminados de telas en Newburgh, NY – para un cobertor antibacteriano y antifúngico a base de lípidos que puede adherirse a algodón, madera, corcho y otras superficies, y que tiene mucho potencial para variadas aplicaciones. Engel dijo que está en conversaciones para un tercer acuerdo de licencia con una compañía en Europa.

Batas de laboratorios y uniformes militares hechos de tela procesada con el cobertor antibacteriano podrían  resistir infecciones en hospitales y campos de batalla. “Interesaría a las fuerzas armadas”, dijo Engel. “Lo que mata al soldado que recibe un disparo en la pierna es la infección. El cobertor viene a ser una venda antibacteriana. Puedes envolver la pierna con el uniforme”.

El intenso enfoque en la comercialización de ideas del profesorado –conocido como transferencia de tecnología –es una consecuencia natural de la iniciativa Década de Ciencias de la Universidad, que ha modernizado las instalaciones científicas; atraído investigadores de prestigio mundial; y dedicado otros recursos a elevar el perfil de ciencias e investigación de CUNY.

Los nuevos esfuerzos siguen el modelo implementado por la Universidad de California, que es un imán de fondos para investigación y ayuda a impulsar la economía de California – a nivel local y estatal – facilitando el empeño empresarial del profesorado y fomentando  sociedades con la industria, compañías derivadas universitarias y otros tipos de asociaciones.

En Nueva York, se está afianzando la idea de combinar la educación superior con la industria para estimular la economía estatal. En mayo, el gobernador David Paterson firmó una orden ejecutiva para crear el Grupo de Trabajo para Diversificar la Economía del Estado de Nueva York a través de la Asociación entre la Industria y la Educación Superior, un grupo de trabajo dirigido por el presidente de la Universidad de Cornell que incluye a Sanjoy Banerjee, profesor distinguido de ingeniería química en City College y director del Instituto de Energía de CUNY. El grupo de trabajo, que se reunió en octubre pasado en City College, estudia los mejores métodos y recomendará cómo fomentar la creación de negocios, crecimiento y tecnología emergente.

La estrategia además encaja con las metas que la Oficina de Nuevos Negocios y Relaciones Industriales de la Universidad estableció el mes pasado con John B. Clark, su director encargado. Esta oficina será el principal enlace con los negocios y la industria; se dedicará internamente en CUNY a diversos asuntos económicos, desde la investigación hasta el desarrollo de la fuerza de trabajo, el mercadeo de la Universidad y la facilitación de asociaciones con negocios, industria y entidades tanto gubernamentales como las sin fines de lucro.

El proceso de traer innovaciones al mercado puede ser lento y complicado, desde la obtención de fondos para investigación, solicitud de patentes, adjudicación de ideas a compañías existentes o a las compañías derivadas de CUNY, para luego proceder a prototipos, producción y posiblemente ganancias. Bajo los acuerdos de las licencias, que negocia la Oficina de Comercialización Tecnológica de CUNY (Technology Commercialization Office —TCO), la Universidad divide las regalías del trabajo de sus investigadores con ellos y su institución académica.

TCO, en consulta con el comité del profesorado que se encarga de propiedad intelectual, evalúa las ideas de los investigadores desde el punto de vista de su viabilidad comercial y se encarga de los aspectos legales de patentes y licencias. “La idea es: ¿seguimos por ese mismo camino para obtener fondos?”, dijo la vice canciller Small. “Necesitas una compañía que se interese, o crear tu propia compañía porque la idea es muy buena. Estamos alentando a nuestros profesores para que trabajen de cerca con compañías nuevas y derivadas, y que las metas principales sean el desarrollo económico y llevar la idea al mercado”.

La Universidad ha tenido contactos con la industria durante mucho tiempo. El Centro de Tecnología Avanzada en Aplicaciones Fotónicas de CUNY (Center for Advanced Technology in Photonics Applications —CUNYCAT) alienta y apoya proyectos de transferencia de tecnología. Con una cantidad de recursos significativos de NYSTAR – la Oficina del Estado de Nueva York para la Ciencia, Tecnología e Investigación Académica (New York State Office of Science, Technology and Academic Research)– CAT desarrolla tecnología fotónica para promover el desarrollo económico en las áreas de medicina, biología, industria y el sector militar. Esto genera millones en impacto económico en el estado – creando puestos de trabajo; aportando millones en industrias, compañías, CUNY y fondos federales; y obteniendo contratos y acuerdos de licencia con muchas compañías en Nueva York. El CAT además trabaja con Sustainable Business Incubator (Incubadora de Negocios Sostenibles), con sede en la Universidad Comunitaria del Bronx, que ayuda a lanzar y mantener compañías sostenibles.

Crouse, que dirige CUNYCAT, anota que la Universidad está “renovando importantes espacios y oficinas” y “se le están asignando recursos”.

La comercialización de las innovaciones de la facultad, dijo Crouse, “puede generar ingresos y mostrar que la Universidad es un motor económico para la comunidad. La gente quiere que la Universidad cree más Silicon Valleys”.

Crouse está patentando su trabajo de fotónica y ha accedido a aproximadamente $3 millones en subsidios gubernamentales de agencias que incluyen la NASA, la Fundación Nacional de Ciencias (National Science Foundation —NSF), la Fuerza Aérea y la Agencia de Defensa de Misiles del Departamento de Defensa. Su compañía, Phoebus, tiene siete patentes o solicitudes pendientes y ahora finaliza acuerdos de licencia con CUNY relacionados con su tecnología.

La oportunidad de comercializar sus descubrimientos con el apoyo e inversión de la Universidad es una experiencia “muy gratificante”, dijo Crouse.

“Es un esfuerzo apasionante… tienes tus clases, tu laboratorio de investigación académica; complementa, no resta valor. Llevas al salón de clase tu experiencia del laboratorio al aplicar la tecnología a las necesidades de la sociedad. La investigación académica pocas veces llega al mercado, pero ésta lo logrará”.

Robert Engel admite que “ha sido un proceso largo, lento y pesado” llevar su descubrimiento de ocho años al punto de comercialización, al igual que al proceso final de aprobación de la Agencia de Protección Ambiental (Environmental Protection Agency). “Les preocupa que cualquier cosa que se bote termine en el suelo”, explicó.

Engel resaltó que el proceso de transferencia de tecnología, incluyendo presentar solicitudes para las patentes y someter las innovaciones al escrutinio de las agencias reguladoras, puede ser costoso.

“Si alguien ofreciera los fondos para el desarrollo de una aplicación en particular, eso es lo que haríamos”, dijo Engel. “Buscamos inversionistas”.

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