Drástica reforma de la investigación: Ideas del profesorado contribuyeron a dar cuerpo al exclusivo Centro de Investigación Científica Avanzada que pronto se construirá en el Alto Manhattan.

December 14, 2009 | En Español

Camino a su oficina en las mañanas, Ruth Stark a menudo se detiene a observar una imponente construcción en el Campus Sur de City College. Para muchos que por allí pasan, el sitio es sólo un profundo pozo de tierra y rocas. Pero representa mucho más para Stark, una profesora distinguida de química. Es una novedosa visión de la ciencia del siglo 21 a la que ella ha contribuido con muchas ideas.

Después de años de planificación, el Centro de Investigación Científica Avanzada (Advanced Science Research Center o ASRC) ha surgido como una iniciativa robusta y anticipada que conectará a científicos en formas radicalmente innovadoras. Mezclará disciplinas como química y biología, y promoverá la interacción entre cinco crecientes áreas interdisciplinarias, como la nanotecnología. El edificio en sí tendrá un diseño fuera de lo común para incentivar la colaboración formal e informal, con características como una escalera central abierta que conecta áreas de investigación que se encuentran en pisos distintos Es, literalmente,  una integración “vertical” de la combinación “horizontal” de muchas disciplinas. El centro además albergará un núcleo de instalaciones de la más avanzada tecnología nunca antes vistas en CUNY, incluyendo un “salón limpio” para la fabricación de aparatos científicos pequeños y sensitivos. Por último, el ASRC representa un esfuerzo universitario sin precedente para crear una instalación que no sólo atienda las necesidades actuales de investigación de avanzada, sino que visualice las demandas y los lineamientos de la exploración científica para las próximas décadas.

Es sabido que el proceso de planeamiento por sí mismo hizo hincapié en un alto nivel de colaboración por toda la universidad.   Un diverso grupo de profesores consejeros, funcionarios de la Universidad y consultores, encabezado por la vice canciller para Investigación Gillian Small, se dieron a la tarea de establecer las “áreas principales” de investigación científica. Stark, junto a muchos de sus colegas de diversos campos de la ciencia, tuvieron un papel importante en definir la visión y el diseño del centro.

“Tuvimos una serie de reuniones con personas que usarían el edificio”, dijo David Salmon, director asistente del departamento de diseño, construcción y gerencia de CUNY. “Todos los interesados estaban en la sala. Se les hizo muchas preguntas a los científicos para asegurarse que el diseño del edificio fuera apropiado para apoyar su trabajo. Gillian fue muy importante en este proceso”, dice Salmon.

“Hablamos de cuáles deberían ser nuestros puntos fuertes para obtener reconocimiento nacional e internacional”, recuerda Small. “Queríamos aprovechar las fortalezas que teníamos”, dijo, como la neurociencia, que ya contaba con una red de 55 laboratorios a través de los cámpuses de CUNY. “Pero además queríamos considerar qué áreas eran importantes para el futuro del país”.

Las áreas que surgieron se basan más en temas que en disciplinas. La nanotecnología, por ejemplo,  a menudo implica una compleja integración de química, física, biología e ingeniería. Además, era importante que estas áreas de investigación no se convirtieran en “depósitos aparte”, dice Small. Los grupos de discusión de la facultad se preguntaron: ¿cómo podría este centro beneficiar mucho más al profesorado de toda la Universidad? ¿cómo podrían fomentar la interacción entre los científicos? Y  para apoyar estas áreas, ¿qué necesitarían los profesores de CUNY?

Una de las personas dispuestas a probar el salón limpio es Vinod Menon, profesor asistente de Queens College  cuya especialidad es la fotónica, es decir, la ciencia y tecnología de la manipulación de la luz. Menon, también miembro de un grupo de discusión, dice que espera colaborar con nanocientíficos en la creación de dispositivos con nuevas aplicaciones en áreas como telecomunicaciones, procesamiento de datos, biología y medicina. “Veo grandes ventajas al unir personas de diferentes cámpuses”, dice. “Puedes generar mejores ideas que cuando trabajas solo”.

“Se abre un nuevo dialogo al mezclar las ciencias sociales y físicas”, mantiene Charles Vörösmarty, el nuevo director de la Iniciativa Ambiental de Cruce de CUNY (Environmental Crossroads Initiative), uno de los programas que funcionará en el centro. Al enfrentar problemas complejos, el equipo de Vörösmarty mezclará expertos interdisciplinarios en ciencias, desde químicos ambientales a nanotecnólogos, con economistas y expertos en política social. “Colocas estos equipos juntos y ellos se incuban”, afirma. “No sé lo que saldrá, pero será maravilloso”.

Los principios que definen ASRC empezaron a germinar hace varios años, dice Small, cuando el canciller Mathew Goldstein “entendió que una gran universidad necesita grandes científicos”. Y para apoyar a las ciencias, la universidad necesita las más modernas instalaciones en ciencias.

Con casi 200,000 pies cuadrados, el centro de ciencias de cinco pisos proveerá espacio flexible para laboratorios, salas de reuniones y oficinas para 75 profesionales, entre ellos 20 nuevos profesores. Cada piso se dedicará a uno de los cinco programas que, además de nanotecnología e iniciativas ambientales, incluye neurociencia, fotónica y biología estructural. Habrá un observatorio en el techo para medir y analizar información ambiental; electrones microscópicos y otros equipos de imagen sofisticados; una “sala de visualización” de alta tecnología; un auditorio de 100 sillas para simposios científicos; un centro de educación pública donde los visitantes puedan saber que está pasando en el centro; y un café.

“Es realmente un parque de ciencias”, dice Small.

Una de las instalaciones de alto impacto del centro será la “sala limpia” ubicada en el sótano. Se trata de un ambiente largo, controlado y filtrado, que puede usarse en la fabricación de diminutas “nanoestructuras” para una variedad de complejos problemas de investigación. Cuando se termine, esta sala posiblemente será la única en la ciudad de Nueva York con “este nivel de refinamiento”, dice Small.

Stark prevé trabajar con expertos en nanotecnología en el ASRC que contribuyan al desarrollo de su investigación en biofísica molecular en City College. Por ejemplo, al estudiar cómo los científicos manipulan nanoestructuras para suministrar medicamentos a pacientes, Stark cree que puede descubrir técnicas que pudieran ayudar a “obtener una vista molecular” de cómo pigmentos de melanina se desarrollan, y bajo qué condiciones se vuelven malignos.

“Muchas veces se trata de hacer conexiones, simplemente reuniendo un grupo de personas en una sala y preguntando cómo enfrentaron problemas similares en investigación”, dice Stark, quien además es directora del Instituto de Ensamblaje Macromolecular de CUNY, que incluye profesores de todos los cámpuses. “Nada sustituye el contacto cara a cara”.

Ciertamente, el centro de ciencia se diseñó específicamente para promover la colaboración al tiempo que se preserva la privacidad y la flexibilidad para cambios inesperados en las necesidades de investigación, dice David Halpern, socio de la firma de arquitectos Flad Architects situada en Wisconsin y reconocida por planear y diseñar edificios de alta tecnología. El centro ofrece abundante espacio que conduce a discusiones informales entre los investigadores. Un ejemplo: las salas de conferencias de fácil acceso y los numerosos espacios abiertos –llamados “salas de té”– cerca a las escaleras, resalta Halpern, quien trabajó de cerca con profesores y empleados de CUNY para diseñar las instalaciones. “Muchas de las ciencias suceden en el rellano de las escaleras”.

Vörösmarty, el director de la iniciativa ambiental de cruce, ya acogió la filosofía de colaboración del centro de ciencia, aún mientras funciona en su etapa temporal en City College.

“Lo que me entusiasma es mudarnos a ese nuevo edificio donde encontraré en otros pisos a expertos en nanotecnología, fotónica, química, bioquímica estructural”, dice. “Me encantaría mantener un dialogo sobre cómo sus tecnologías pueden relacionarse con algunas de las grandes preguntas ambientales…  Podría bajar las escaleras y lanzar un desafío sobre cómo producir sistemas sensoriales en miniatura que nos permitan entender mejor la química y la cantidad de agua distribuida en distintas partes del mundo en desarrollo.

Una vez terminado, el ASRC será un edificio “LEED-certificado”, es decir que cumple con las reglas ambientales del U.S. Green Building Council. El diseño del centro además debió cumplir con los estrictos requisitos exigidos para el mantenimiento de sus equipos e instrumentos de alta tecnología, destaca Halpern. Las instalaciones, como la sala limpia, son “espacios técnicamente complejos” que requieren la capacidad de contener sustancias peligrosas mientras es protegido de las vibraciones y otras interferencias comunes en nuestra agitada área metropolitana. Al mismo tiempo, necesitamos “que todo el edificio funcione en conjunto”, dice Halpern.

El centro se construye al lado de otro gran edificio nuevo: el de ciencias de City College. Ambos proyectos costarán cerca de $700 millones entre construcción, inmuebles y costos iniciales de equipos, de acuerdo a Salmon. (Un segundo edificio de ciencias, ASRC II, está en proceso de planeación).

Mezclar las ciencias –y los científicos –entre las cinco áreas de investigación “tiene un gran potencial”, dice Small, un experto en biología molecular y biológica. “Lo veo [el centro] capacitando a los científicos de CUNY a llevar sus experiencias de trabajo a un nivel distinto y a colaborar con otros departamentos e instituciones en Nueva York”.

Vörösmarty y Stark ven el centro como “un punto de cruce intelectual” para las ciencias en los próximos años. Refiriéndose a la ciudad de Nueva York como uno de los puntos de cruce culturales y financieros más importantes del mundo, Vörösmarty planea traer “esta noción de diálogo de cruce” a la investigación ambiental en el Centro de Investigación Científica Avanzada.

Por su naturaleza, problemas como el hambre y el sostenimiento ambiental son temas que traspasan los límites entre disciplinas, dice Vörösmarty, por lo que decisiones en un campo, como el uso de nutrientes agrícolas para cultivos, no pueden verse a través de un lente limitado.

“No se trata sólo de agronomía”, dice. “Estos temas resuenan en la química y la hidrología de la tierra, su atmósfera y sus zonas costeras”. Y termina diciendo: “Es el tipo de diálogo que tratamos de fomentar”.

#