CITY  LIFE


FIORELLO H. LA GUARDIA REFORMADOR URBANO

Government
El alcalde Fiorello H. La Guardia corta la cinta e inaugura el
metro de la Sexta Avenida en la calle 34, Nueva York, en
1940.

Los gobiernos urbanos frecuentemente han sido objeto de caricaturas como bastiones de favoritismo, malversación y chantaje. La realidad, por supuesto, es más compleja. La reforma ha desempeñado un papel importante en la historia de las ciudades, expulsando a los saqueadores e infundiendo un espíritu de progreso en el ayuntamiento. Los reformadores y los elementos de buen gobierno les han concedido programas de asistencia pública a las ciudades, han recreado el paisaje urbano, mejorado el servicio civil, y han hecho que el gobierno sea más eficiente.

 

Government
En 1937 el alcalde La Guardia pelea con un
tigre cansado, símbolo de la maquinaria política
de Nueva York Tammany Hall, en su exitosa
candidatura para un segundo mandato en 1937.

No hay ningún reformador más famoso que el alcalde de Nueva York Fiorello H. La Guardia. Al ocupar su cargo durante el apogeo de la Gran Depresión, transformó un gobierno corrupto y en bancarrota en uno cuya meta era satisfacer las necesidades de una ciudad atribulada y abrumada por la depresión. La Guardia emprendió nuevas medidas de ayuda, limpió la corrupción del servicio civil, y en una época de severos aprietos se negó a aceptar que una gran ciudad no pudiera recrearse con nuevos parques, escuelas, hospitales, puentes, aeropuertos y viviendas bajo subsidio público. Su administración honesta le ganó el apoyo de la administración New Deal de Washington y cambió para siempre la relación entre las ciudades y el gobierno federal. Como se atestigua en uno de los premios que recibió, La Guardia rescató el gobierno de manos de los políticos y lo volvió a colocar en manos del pueblo, donde pertenece. Y lo hizo con garbo y un estilo peculiar, cayéndoles a martillazos a las máquinas de juego conocidas como “bandidos mancos”, corriendo a escenas de fuegos en un auto patrullero, o leyendo las historietas durante una huelga de periódicos. Le infundió su entusiasmo por el pueblo al gobierno de la ciudad y lo volvió más amable.

Govenment
La Guardia les propina hachazos a las máquinas de juego
que habían sido operadas por el crimen organizado en un
bote en el Estrecho de Long Island, 1937.
A lo largo de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, La Guardia sentó normas que no se han superado para lograr un gobierno eficiente y limpio. Tempestuoso e incluso dictatorial a veces, le dio a Nueva York uno de los mejores gobiernos que ha tenido en su historia.

 

 

 

 

 

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