LA GUERRA FRÍA

Los guardias de la frontera
miran por una ranura en
la muralla de Berlín después
que los manifestantes derrumbaron
un segmento de la muralla
en el portón de Brandenburgo
el 11 de noviembre de 1989.

La América de la posguerra consideraba que la Unión Soviética con su ideología comunista se dedicaba a dominar el mundo y ejercer un control totalitario sobre su propio pueblo. La posesión de la Europa del Este por parte de los soviéticos parecía justificar estas creencias, y hubo guerras por poder entre las dos potencies nucleares en África y Asia.

Los Estados Unidos se veían a sí mismos como el baluarte del mundo libre ante la agresión soviética y se consideraban vulnerables a la subversión doméstica por parte de los comunistas. Las listas negras les impedían trabajar a muchas personas corrientes sólo porque se les consideraba progresistas o, peor aún, porque los habían denunciado como “rojos”.

El Senador Joe McCarthy, que estuvo al frente de las investigaciones acerca de la  presunta actividad comunista en los Estados Unidos, llegó a ser el símbolo de la era de la “Amenaza Roja”. Cuando los procesos de su comité aparecieron en vivo por la televisión en los años cincuenta, McCarthy se convirtió en un villano más que un héroe para muchos americanos.

Por $1,250, una familia
podia comprar un refugio
de bomba atómica en 1951
para “sobrevivir” una
guerra nuclear contra
la Unión Soviética.

“La Libertad Ante el Miedo” había sido una de las Cuatro Libertades del Presidente Roosevelt, pero un nuevo miedo se había apoderado de todos—el de los crecientes arsenals atómicos y la posibilidad de la aniquilación nuclear. La competencia por las armas amenazaba la libertad más básica de los americanos—la vida misma. La guerra nuclear se acercó incómodamente a la realidad en octubre de 1962 cuando el líder soviético Nikita Khrushchev ubicó misiles en el mismo patio de los Estados Unidos, Cuba. Se evitó una Tercera Guerra Mundial cuando el bloqueo de Cuba por parte del Presidente John F. Kennedy instó a la Unión Soviética a retirar sus misiles.

En los 1980, un líder soviético, Mikhail Gorbachev, se dio cuenta de que tenía que liberalizar una sociedad que reprimía a sus ciudadanos y llevaba su economía a la bancarrota en aras de la creciente competencia por las armas. Los Presidentes Ronald Reagan y George H.W. Bush negociaron tratados para reducir los arsenales nucleares tanto en los EE UU como en la Unión Soviética. En noviembre de 1989, cuando los alemanes del este derrumbaron la Muralla de Berlín y se pasaron al oeste mientras los soldados soviéticos y alemanes del este no hacían nada para impedírselo, la Guerra Fría llegó a su fin.

El Presidente John F. Kennedy y el Primer Ministro soviético Nikita Khrushchev luchan a brazo partido con el dedo en botón nuclear en un dibujo de Leslie Gilbert Illingworth durante la Crisis de los Misiles Cubanos publicado en el Daily Mail el 29 de octubre de 1962.

Un misil táctico soviético SS-21 de corto alcance se muestra por primera vez en la Plaza Roja, Moscú, en el desfile del Día de la Victoria (su equivalente de nuestro Día V-E), 9 de mayo de 1985.

El abogado especial del ejército Joseph Welch, izquierda, le responde al senador Joseph McCarthy, R-Wis., derecha, “No asesinemos más a este chico, senador. Ya ha hecho bastante. ¿No tiene sentido de la decencia? Después que McCarthy acusara a un miembro del bufete Welch con asociaciones comunistas durante las audiencias televisadas Ejército-McCarthy el 9 de junio de 1954.

Bert la Tortuga le enseñó a los niños a “Agacharse y Esconderse” para protegerse de un ataque atómico en una película estadounidense de Defensa Civil de 1951.